Allí estaba yo, atendiendo a aquella clienta que acababa de pedirme un zumo de melocotón y orgulloso de poder servirle una de esas marcas que dicen tener un setenta por ciento de zumo natural y, aunque soy escéptico ante la publicidad, debe ser verdad, porque la clienta en cuestión, para mi estupefacción, volvió a la barra quejándose de que aquel zumo de melocotón “sabía demasiado a melocotón”. Pensaba reprimir la frase que se me antojaba soltar pero, teniendo en cuenta que algún que otro conocido político ya la hizo popular, pues eso… “¡Manda huevos!”. La manufactura es lo que tiene.
Las generaciones del CD son también las de los conservantes, colorantes y aditivos. Sucedáneos, pigmentos, pseudónimos, edulcorantes, artificios, súper ventas, playbacks, remakes, secuelas, precuelas, fusiones, confusiones, versiones y perversiones. Vivimos en el mundo de “cualquier parecido con lo natural es mera coincidencia”, donde poco a poco nos han ido cortando la vida como quien corta cocaína, aumentando el porcentaje de torrefacto y disminuyendo, cada vez más, el tueste natural, acostumbrándonos al sabor de lo insípido, habituándonos a los substitutivos, hasta que un auténtico huevo de granja frito nos resulta demasiado espeso, una playa con algas nos parece sucia, una canción solo nos gusta después de oírla en la radio cuarenta veces y de una película con trama y estructura original decimos que es “rara”.
Somos tan fácilmente maleables, que a las grandes firmas les resulta mucho más barato, y por lo tanto beneficioso, vendernos paja con una bonita etiqueta y sacrificar la calidad a favor de la cantidad. Cuando el mercado está habituado al pseudo sabor, las empresas vuelven a lanzar el mismo producto añadiendo un ligero toque de sabor ahumado y lo venden como “auténtico pan de horno de leña”, “auténtica lechuga de huerta”, “auténtica miel de granja”. De repente, la palabra “auténtico” cotiza al alza, mientras que la verdadera autenticidad sigue guardada en algún cajón de nuestros recuerdos más ocultos. Lo mismo ocurre con cualquier otro aspecto vendible de nuestras vidas: unas imágenes grabadas por un video aficionado, con una cámara casera, sube a las carteleras como “la última innovación en cine”; un concurso banal, en el que los participantes no tienen que demostrar nada más allá de su falta de principios, se disfraza de “experimento sociológico”. Las patatas dicen saber a jamón, el jamón viene envasado en plástico y el plástico… bueno, el plástico siempre será plástico, de eso sí que podemos estar seguros.
Rezar cuando España está sucia
Hace 1 semana